Bajó del autobus de la línea 5 en Dizengoff y Gordon, como casi todos viernes al mediodía. Quizás, ese fuese el último que hacía su recorrido, antes de la entrada del Shabbat. Por eso se levantó temprano, desayunó y emprendió su corto viaje que la llevaba a la urbanidad.
Cargaba en su pequeño bolso muy poca ropa, como para cambiarse al día siguiente. Lucía su brillante bronceado que contrastaba con el rubio de su pelo, desteñido por el sol de un mes de mayo caliente.
Sus manos ajadas y sus uñas cortadas al ras no podían ocultar el resultado de una semana trabajando la tierra. ¡Qué importaba, si era lo que más le gustaba!. Cada mañana se levantaba con el alba y luego de un breve desayuno se sumaba al grupo que durante ese mes instalaría las mangueras para el riego en las plantaciones de algodón.
Allí eran solo el profundo azul del cielo, el verde de los campos cultivados y su tenue silueta, en el Medio del Oriente.
Aquí era el ruido, los bocinazos de la gente apurada por comenzar su día de descanso (¿descanso?) en el centro de la ciudad que sintió como suya desde que desembarcó, no hacía mucho tiempo.
Comenzó a caminar por Gordon cuando de repente, un impulso instintivo, de esos que solía tener a menudo, la hizo detenerse, dar la vuelta y cambiar de dirección.
Llevaba días sin saber de él, sus insistentes llamados por teléfono nunca fueron contestados y nunca supo si había recibido la carta que le había enviado hace ya un par de semanas atrás. Apuró su paso, como queriendo alcanzarlo antes de que fuera demasiado tarde. Llegó casi agitada frente a la puerta del edificio, y aún le quedaba por subir las escaleras que la separaban del tercer piso en donde esperaba encontrarlo.
Durante los breves instantes que le tomó realizar ese recorrido cuesta arriba, ensayó una y otra vez lo que estaba dispuesta a decirle. Casi sin aliento se detuvo frente a la puerta, buscó un lápiz en su bolso y en un incipiente hebreo le dejó grabadas solo tres palabras. Bajó con la misma rapidez, como huyendo de sus palabras, y comenzó a caminar despacio siguiendo el olor del Mediterráneo....
Se encontró caminando hacia algún lugar incierto cuando la voz de su hija de cuatro años le gritaba desde su cuarto: "Mami, quiero que me compres un I-pod".
martes, 25 de marzo de 2008
martes, 18 de marzo de 2008
Nacer
Anduve en desierto, savana, ciudades, pueblos, rios, mares. Anduve descalza, sobre negros tacos altos, maquillada, despojada.
Anduve llorando, riendo, gozando, buscando.
Hace 7 años en un dia como hoy, anduve encontrando.
Y el estaba aqui, para que yo lo encontrara. En ninguno de aquellos lugares por los que buscaba.
Aqui llegaba esta beduina al follaje tropical, a refugiarse en sus brazos.
Asi decidi dejarme, quedarme, adueñarme.
Me deje a que me tuviesen, me quede a protegerlo, me adueñe de mis sentimientos.
Y asi nacia mi nueva vida, no ya de beduina.
Hoy nace este mi nuevo espacio, en la calidez de mis noches serenas, o tal vez, si se puede, en la tibieza de mis dias de eterno verano.
Andare nuevamente por distintos paisajes, distintos senderos, pero esta vez de la imaginacion, de los sentidos, de las palabras.
Llorare, reire, gozare, buscare. Ando sin apuros, con los pies descalzos, con la mochila al hombro, con el alma satisfecha de haber encontrado.
Porque 7 son los dias de la semana, y siete son los dias que le llevo a D-s para crear al hombre.
Y 7 es el numero del mes en que naci y en que nacio mi hija.
Hoy, a 7 años de mi nueva vida, nace La Beduina, y como no podia ser de otra forma, se lo dedico a el, mi fuente de inspiracion.
PS. Gracias hermana por mostrarme este sendero.
Anduve llorando, riendo, gozando, buscando.
Hace 7 años en un dia como hoy, anduve encontrando.
Y el estaba aqui, para que yo lo encontrara. En ninguno de aquellos lugares por los que buscaba.
Aqui llegaba esta beduina al follaje tropical, a refugiarse en sus brazos.
Asi decidi dejarme, quedarme, adueñarme.
Me deje a que me tuviesen, me quede a protegerlo, me adueñe de mis sentimientos.
Y asi nacia mi nueva vida, no ya de beduina.
Hoy nace este mi nuevo espacio, en la calidez de mis noches serenas, o tal vez, si se puede, en la tibieza de mis dias de eterno verano.
Andare nuevamente por distintos paisajes, distintos senderos, pero esta vez de la imaginacion, de los sentidos, de las palabras.
Llorare, reire, gozare, buscare. Ando sin apuros, con los pies descalzos, con la mochila al hombro, con el alma satisfecha de haber encontrado.
Porque 7 son los dias de la semana, y siete son los dias que le llevo a D-s para crear al hombre.
Y 7 es el numero del mes en que naci y en que nacio mi hija.
Hoy, a 7 años de mi nueva vida, nace La Beduina, y como no podia ser de otra forma, se lo dedico a el, mi fuente de inspiracion.
PS. Gracias hermana por mostrarme este sendero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
