viernes, 18 de abril de 2008

Esperas

Recuerdo mi primera gran espera a él, mi primer gran novio: Yo aún vivía en el pueblo y él en la ciudad, estudiando en la universidad. Ese fin de semana iríamos con mi familia a esa ciudad, a visitar a nuestra abuela. Hace unos 29 años atrás (uyyy, cuántos!!!)no contábamos con ningún medio tecnológico que nos comunicara, solo la carta enviada por correo que, cuando llegaba a destino, traía noticias tan viejas que ya no servía de mucho.
Habíamos quedado, no se cómo, en que él iría a visitarme al departamento de mi abuela.
Era domingo, y toda la familia estaba reunida, como acostumbrábamos hacerlo por aquellas épocas.
Recuerdo que cuando estaba acercándose la hora convenida me dispuse a esperarlo mirando por la ventana de la cocina, único lugar desde el que se veía la calle y la esquina en donde paraban los autobuses que lo traerían a él, el flamante novio.
Así pasó mi día domingo de vaya a saber qué mes, mirando por esa ventana de la cocina, esperándolo inútilmente, porque ese día él no llegó.

A esa espera se sucedieron otras tantas. De llamados, de emails, de cartas, de mensajes en contestadores, de mensajes de texto, de una aparición en el messenger.

Pero a pesar de la tecnología y de los medios, se mantiene en mi ritual aquella espera mirando a través de la ventana que dá a la calle.