Recuerdo mi primera gran espera a él, mi primer gran novio: Yo aún vivía en el pueblo y él en la ciudad, estudiando en la universidad. Ese fin de semana iríamos con mi familia a esa ciudad, a visitar a nuestra abuela. Hace unos 29 años atrás (uyyy, cuántos!!!)no contábamos con ningún medio tecnológico que nos comunicara, solo la carta enviada por correo que, cuando llegaba a destino, traía noticias tan viejas que ya no servía de mucho.
Habíamos quedado, no se cómo, en que él iría a visitarme al departamento de mi abuela.
Era domingo, y toda la familia estaba reunida, como acostumbrábamos hacerlo por aquellas épocas.
Recuerdo que cuando estaba acercándose la hora convenida me dispuse a esperarlo mirando por la ventana de la cocina, único lugar desde el que se veía la calle y la esquina en donde paraban los autobuses que lo traerían a él, el flamante novio.
Así pasó mi día domingo de vaya a saber qué mes, mirando por esa ventana de la cocina, esperándolo inútilmente, porque ese día él no llegó.
A esa espera se sucedieron otras tantas. De llamados, de emails, de cartas, de mensajes en contestadores, de mensajes de texto, de una aparición en el messenger.
Pero a pesar de la tecnología y de los medios, se mantiene en mi ritual aquella espera mirando a través de la ventana que dá a la calle.
viernes, 18 de abril de 2008
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7 comentarios:
Si hay algo que no nos gusta nada en esta vida, son los tiempos muertos. La espera necesaria hasta que llega un acontecimiento ansiado.
Me viene a la mente una cita que tuve hace años. Yo no la conocía personalmente y eso me producía cierta inquietud. Tanta, que me salió un grano en el entrecejo, que amenazaba crecer y asemejarme a una cría de unicornio. Al final, el día llegó, como llega todo y no hubo problema pero, aún me veo en el espejo echándome crema de aceite de árbol de té en el puñetero grano.
Un saludo.
Ya te lo dije; es una cuestión de género. Nosotras esperamos siempre, toda la vida, diferentes cosas. En lo referente a una presencia masculina, esperamos siempre, y casi siempre me atrevo a decir, de la manera en que lo planteaste en el post.
Ellos no esperan, o al menos, no así. Ellos provocan nuestras esperas, nunca las padecen.
A nosotras se nos pasan los domingos, semanas, meses, esperando.
Ellos viven
Uy! que resentida sueno! Pero no tengo razón?
Besos
No, Laluz, no tiene razón....
El tiempo no espera, yo tampoco.
Hag Sameaj para vos y los tuyos...¡
Carlos,
Si, todos los momentos llegan, el problema es cuando no se cumple lo que esperabamos.
Y entonces nos reinventamos otra espera.
Saludos y Jag Sameaj para ti y tu familia,
Luz,
Vos no dijiste eso, vos dijiste:
"Ellos esperan mirando nada", y esa es la diferencia entre los dos generos. Ellos mientras esperan hacen algo, no miran, o miran la TV.
Besos,
Marcelo Levit,
Tenia un amigo de Rosario que vivia en Tel Aviv con ese mismo nombre al que le decian Lechu,
Saludos y gracias por pasar por aqui
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